Reflexión y debate
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Primero hay que establecer cuál era la norma en la era de la recolección: si su dieta era más equilibrada y variada, si la jornada laboral era más corta, cuál era el estado de la salud y la vivienda, cuán amplio era el alcance de sus conocimientos y habilidades, y si existían la propiedad privada y las clases sociales en el sentido posterior. Solo con esta línea base se puede determinar qué es una invención completamente nueva tras la agricultura y qué es una transformación de un legado antiguo, evitando así la teleología de deducir las causas a partir de los resultados posteriores.
La evidencia arqueológica es directa pero fragmentaria, y tiende a favorecer los objetos y enterramientos que se conservaron, por lo que es fácil generalizar en exceso; la analogía con los recolectores modernos es vívida y concreta, pero ellos viven en entornos distintos a los de la antigüedad y ya han sido influidos por las sociedades circundantes; las inferencias de la psicología evolutiva pueden ofrecer un marco explicativo para el cuerpo y las preferencias, pero solo pueden plantear hipótesis difíciles de verificar directamente. Lo razonable es someter los tres tipos de materiales a verificación cruzada: tomar las analogías y las inferencias como fuentes de hipótesis, la evidencia arqueológica como condición restrictiva, y señalar con claridad qué es un hecho y qué una interpretación, reconociendo al mismo tiempo que sobre algunas cuestiones existe un «silencio de la evidencia».
Antes de la Revolución Agrícola,todos los Homo sapiensvivían en sociedades de cazadores-recolectores. Este modo de vida se prolongó unos 300 000 años, mientras que desde la aparición de la agricultura hasta hoy han pasado apenas unos diez mil años. Medida con la vara de toda la historia humana, la sociedad agrícola es en realidaduna excepción, y no la norma.
Por eso, la vida de los recolectores no es un «preludio» ni un «capítulo marginal» de la historia humana, sino el período de formación de la configuración biológica y cultural por defecto del Homo sapiens.configuración por defectoPara comprender la naturaleza humana, la estructura social y el rumbo de la historia, es imprescindible tomar este período que abarca más del noventa por ciento de la historia humana como la línea base de referencia para medir todos los cambios posteriores.
El cuerpo y la mente del ser humano moderno siguen adaptados principalmente al entorno de la era de la recolección, pero vivimos en una sociedad agrícola-industrial-de la información. Este desajuste entre las «especificaciones de diseño» y el entorno actual se denominadesfase evolutivo(evolutionary mismatch). La psicología evolutiva parte precisamente de aquí para explicar muchas de las dificultades del ser humano moderno.
Un ejemplo común: la fuerte preferencia humana por el azúcar y las grasas era una adaptación ventajosa en un entorno de recolección con escasez de alimentos y fuentes raras de alto contenido calórico; pero en una sociedad industrial con exceso de azúcares y grasas, esa misma preferencia se asocia con la obesidad, la diabetes y las enfermedades metabólicas. El cuerpo sigue diseñado para la sabana y el bosque, mientras la vida se desarrolla en tiendas de conveniencia y plataformas de reparto: este es el reflejo de «un cerebro ancestral atrapado en el mundo moderno».
Cabe advertir que este tipo de explicaciones son inferencias. Al remontar las preferencias modernas al entorno ancestral, la evidencia suele ser indirecta, y tampoco se puede reducir sin más cualquier conducta moderna a un «determinismo genético».
Para juzgar, a partir de esta línea base, cuáles de instituciones como la agricultura, el imperio, el dinero, la religión y el Estado son invenciones completamente nuevas y cuáles son transformaciones de un legado antiguo, primero hay que saber «qué era lo normal» en la era de la recolección. Las investigaciones muestran que los recolectores no eran necesariamente «primitivos» pobres, ignorantes y con el futuro siempre en vilo: su dieta pudo haber sido más equilibrada y variada, su jornada laboral más corta, su repertorio de conocimientos y habilidades más amplio, su residencia móvil según las estaciones y los recursos, y quizá no existían la propiedad privada ni las clases sociales en el sentido posterior. Estos hallazgos contraintuitivos sacuden la teleología lineal del «la agricultura es progreso».
Pero las sociedades recolectoras no dejaron textos escritos, y reconstruir su vida solo es posible a partir de tres tipos de materiales, cada uno con sus limitaciones: la evidencia arqueológica, la analogía con los recolectores modernos y las inferencias de la psicología evolutiva. Reconocer el «silencio de la evidencia» es el requisito indispensable para utilizar esta línea base.
| Debate | Una postura | Otra postura |
|---|---|---|
| Estructura social antigua | Existía una «comuna ancestral» de bienes compartidos por el grupo y agrupaciones flexibles | La familia nuclear monógama constituía la unidad básica |
| Inclinación a la violencia | El conflicto entre grupos es antiguo y la violencia no era infrecuente | Los grupos eran pequeños y con fronteras fluidas; el grado de violencia pudo haber sido sobreestimado por épocas posteriores |
Relacionados con estos debates están las creencias y los enterramientos. El animismo (la creencia de que todo tiene alma) sostiene que todas las cosas (animales, plantas, objetos, lugares) poseen espíritu y la posibilidad de comunicarse, y que la frontera entre lo humano y lo no humano no está claramente delimitada. Los enterramientos de Sunghir y otros yacimientos, con sus ajuares funerarios y adornos, muestran que los individuos pudieron haber tenido ya en vida distintas posiciones y roles; la evidencia arqueológica revela así indicios de normas sociales y políticas. No obstante, el alcance explicativo de un solo enterramiento sigue siendo objeto de debate en la comunidad académica, y al citarlo debe señalarse que se trata de una interpretación y no de una conclusión definitiva.
